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24/9/18

Una historia muy linda que deseo compartir.....


Gracias por estar siempre ahí :*

Esta es una antigua historia que tiene miles de versiones y se ha narrado de generación en generación. Es una historia para pensar. Nos habla de un remoto lugar de la selva en donde habitaba un joven y hermoso elefante, que estaba en edad de casarse.

Aún no había encontrado una elefanta que le robara el corazón. Sin embargo, una tarde cualquiera, vio a lo lejos un rebaño de elefantes que se acercaba a donde estaba junto con su familia. Dentro del rebaño había una bella elefanta de la que se quedó prendada.

Según nos cuenta esta historia para pensar, los dos rebaños de elefantes se sintieron muy felices. Hacía mucho tiempo que no celebraban una boda y los enamorados hacían una pareja maravillosa.

En un abrir y cerrar de ojos, comenzó a aproximarse el día de la boda. El elefante enamorado encargó las alianzas a un amigo suyo, que por otra parte era un excelente joyero. El anillo de bodas fue hecho pacientemente y al final quedó precioso.

Faltaba solo un día para la boda cuando el elefante enamorado recibió la noticia de que los anillos estaban listos. Más se demoró la noticia en llegar a sus orejas que él en ponerse en marcha hacia la joyería de su amigo. Le invadía la curiosidad. Esperaba que todo hubiera quedado perfecto.

El elefante enamorado vio los anillos, quedó embelesado. Felicitó a su amigo por tan excelente obra de arte. Contento, cargó con los anillos en la trompa y se dispuso a volver a su casa. Ya solamente le faltaba el traje para la ceremonia. Pensaba en eso cuando estaba junto al arroyo.

Tan distraído estaba el elefante que no se fijó en una enorme piedra que había en el camino. Sin saber a qué hora, tropezó y cayó dentro del arroyo. Ocurrió tan de repente que el elefante enamorado solo alcanzó a luchar por incorporarse. Lo logró. Sin embargo, miró hacia su trompa y se dio cuenta de que había perdido uno de los anillos de bodas.

El elefante enamorado cayó en la desesperación. Comenzó a correr paralelo al arroyo en busca del anillo perdido. Escarbaba allí y escarbaba allá, pero todo era inútil. Un objeto tan pequeño era muy difícil de encontrar. Cuanto más exploraba en el arroyo, más perdida parecía la joya y más desesperación se dibujaba en el semblante de nuestro elefante.

Un búho, curioso, había observado parte de la escena. “¡Cálmate!”, le dijo. Pero nuestra historia para pensar cuenta que la ansiedad del elefante creció al escuchar la orden. Pensó que el búho no entendía su premura. La boda iba a celebrarse en solo un día y ya no había tiempo para hacer un nuevo anillo. ¿Qué pensaría la novia? ¿Qué pensarían todos? Eso era lo que pasaba por la cabeza del elefante enamorado mientras seguía revolviendo el arroyo.

Entonces el búho dijo: “Escúchame: quédate quieto. Todo se solucionará. Sé de qué hablo”. El elefante enamorado recordó que el búho era famoso por su sabiduría, así que esta vez decidió obedecerlo. Se quedó completamente quieto por unos minutos. Pronto, las aguas del arroyo se calmaron, los sedimentos volvieron al fondo y el agua en calma dejó que la luz llegara hasta el fondo. Entonces, el elefante pudo ver el anillo y lo rescató.



De este modo el joven elefante aprendió una gran lección. Su desesperación había generado corrientes en el agua, impidiéndole ver el anillo. Agradeció al búho la enseñanza y volvió a casa con muchas ganas de disfrutar de aquel día. Y como legado, nos dejó una historia para pensar.

“Jamás desesperes, aun estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante”.
-Miguel de Unamuno-

29/5/17



Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para
cultivar sus campos. Un día el caballo escapó hacia las montañas.
Cuando los vecinos del anciano se acercaron para condolecerse con él y
lamentar su desgracia el labrador expresó:
¿Buena suerte?, ¿Mala suerte?, ¿Quién sabe?...
Una semana después el caballo volvió de las montañas trayendo una manada de caballos salvajes.
Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte.
Este les respondió: ¿Buena suerte?, ¿Mala suerte?, ¿Quién sabe?...
Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró ésto como una desgracia.
No así el labrador, quien se limitó a decir:
¿Buena suerte?, ¿Mala suerte?, ¿Quién sabe?...
Una semana mas tarde, el ejército entró en el pueblo y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del Labrador con la pierna rota, lo dejaron tranquilo. ¿Había sido Buena suerte?, ¿Mala suerte?, ¿Quién sabe?...
El sabio labrador solo expresó: Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser realmente benigno.

Así, pues será postura sabia que dejemos a Dios decidir lo que es buena o mala suerte, y le agradezcamos que todas las cosas se conviertan en bien.


24/2/14

×÷·.· Fiel ·.·÷×

Empecemos la semana con algo de sensibilidad y ternura.... Gracias a todos :*


Un matrimonio bautizó con la palabra “Increíble” a su hijo, porque tenían la certeza que haría increíbles cosas a lo largo de su vida.
Lo cierto es que, lejano a aquel mandato familiar, Increíble tuvo una vida equilibrada y tranquila. Se casó y fue fiel a su esposa durante setenta años.
Los amigos le hacían todo tipo de bromas, porque su nombre no coincidía con su estilo de vida.
Justo antes de morir, Increíble le pidió a su esposa que no pusiera su nombre en la lápida, para evitar cualquier tipo de bromas.
Cuando murió, la mujer obedeció el pedido, y puso, humildemente: “Aquí yace un hombre que le fue fiel a su mujer durante setenta años”.

Cuando la gente pasaba por ese lugar del cementerio, leían la placa y decían: 

“¡Increíble!”

30/1/13

El tesoro de Mia


Mía era una niña que aprendió a ser muy valiente gracias a las enseñanzas de sus padres. Ella conocía una cueva en donde se hallaba un gran tesoro al que hacía mucho tiempo nadie se atrevía a entrar porque les daba miedo. Pero había un gran detalle. Si alguien quería entrar, solo podría hacerlo con un corazón bueno. Es decir, que si alguien entraba pensando solo en el tesoro, no podría sacarlo. Mía se dio cuenta que por donde ella vivía había mucha pobreza y quería cambiar esta situación por lo que se decidió ir en busca del tesoro.

Mía decidió llevar a Anita, la amiga que ella más apreciaba  para que le ayude a cargar el tesoro porque seguramente estaría pesado. Ellas entraron a la cueva, encontraron el tesoro y cuando por fin salieron con él, se dieron con la sorpresa de que el tesoro desapareció de sus manos y regresó al lugar donde fue encontrado por ellas en un principio.

Antes de seguir leyendo, aprieta estos botones sociales de Facebook, Twitter y Google Plus para que estés enterado cuando publiquemos otro cuento:

Entonces mía se dio cuenta de que Anita seguramente solo pensaba en el tesoro y no en ayudar a los demás. Mía pensó en dos amigas más, fueron y se repitió lo mismo. ¡Qué raro! Mía no entendía lo que sucedía. Llegó a la conclusión de que a lo mejor sus dos amigas estaban pensando solo en el tesoro.

Se encontró con Maya, otra de sus amigas. Se pusieron de acuerdo y llegaron a ir a la cueva. Entraron de la mano, se acercaron con cierta duda por lo que había ocurrido anteriormente. Tomaron juntas el cofre y salieron rápidamente, como si quisieran evitar que alguien se los quite de las manos, solo que esta vez el tesoro sí se quedó con ellas.

Cuando todos los medios y la gente se enteraron y les preguntaron cuál había sido el secreto para esta vez lograr con éxito quedarse con el ansiado tesoro, ellas respondieron:

—Lo que pasa es que nosotras nunca pensamos en obtener el tesoro con fines personales, nuestro propósito era ayudar a los más necesitados.

Creemos que esta es la razón por la que esta vez el tesoro sí se quedó con nosotras. Porque nos gusta ayudar siempre y dar lo mejor que tenemos.

No todos podemos encontrar un tesoro con joyas y dinero, pero todos tenemos algo muy valioso por dentro. De lo mucho o poco que tengamos debemos dar lo mejor y siempre con amor.

5/3/12

•*¨`*•✿.•* Un buen matrimonio...

Un hombre y una mujer estuvieron casados por más de 60 años.
Ellos habían compartido todo, hablaban de todo y no se habían guardado ningún secreto nunca.
Lo único que no compartían era que la viejita tenia en su closet una caja de zapatos y le había pedido a su esposo que nunca la abriera y que no le preguntara sobre ella.

Durante todos estos años, él nunca pensó en la caja, pero un  día la viejita se enfermo mucho y el doctor les dijo que ya no se recuperaría de su enfermedad. El viejito tratando de arreglar todas las cosas de la viejita antes de que muriera, se topó con la caja de zapatos y se la llevó a la viejita a su cama.

Ella le dijo que ya era tiempo de que supiera lo que había adentro. Cuando la abrió encontró 2 muñecas de crochet y una pila de dinero, eran 95,000 dólares. El sorprendido le preguntó sobre el contenido de la caja y ella le dijo 'Cuando nos casamos, mi abuela me dijo que el secreto de un buen matrimonio era nunca discutir, me dijo que cada vez que me enojara contigo, yo debería guardar silencio y tejer una muñequita de crochet'.  

El viejito se tuvo que contener para no derramar unas lágrimas, ya que sólo había dos muñecas en la caja. Así que ella sólo se había enojado con él dos veces, en todos esos años llenos de amor y entendimiento. El estaba que no se la creía y sumamente conmovido. 'Oye amor', le dijo el viejito ya entendí lo de las muñecas...'pero ¿y el dinero?, ¿de dónde salió?'   'Ah', le dijo la viejita, 'ese dinero es lo que gané de todas las muñecas que vendí durante todos estos años'.     

Plegaria que debemos repetir las esposas: 

Dios:
te pido SABIDURÍA para entender a mi esposo, AMOR para perdonarlo, y PACIENCIA por sus estados de ánimo cambiantes, por que si te pido que me des FUERZA seguro lo agarro a palos por que no sé tejer muñequitas de crochet.

15/12/11

....* ☆. Cuento.....

Ainssss  las fiestas….La Navidad es una época del año muy especial. Para los niños son días mágicos y para los adultos son momentos de recuerdo y de recuperar ese espíritu infantil que está escondido el resto del año.
A la mayoría nos gusta los cuentos navideños hay mil y una historias y leyendas al respecto y los hay para todos los gustos y colores por ejemplo este…….


EL ANGEL DEL CLAUSTRO

El frío se calaba hasta los huesos. La nieve cubría, como una alfombra blanca, el suelo, de manera que los pies se hundían y el borde de su vieja capa castellana se arrastraba sobre el gran velo blanco. Él llamaba puerta por puerta a todas las que a su paso dejaba atrás, y lo mismo que se habrían se cerraban de nuevo. Seguía caminando sin esperanza, esperando morir de hambre o de frío en cualquier momento, cuando divisó una puerta abierta. Se acercó buscando el calor de un hogar y un bocado que calmara su hambre, pero se desengañó al entrar y ver que solo se trataba de un claustro. De un frío, triste y viejo claustro. De caminar sobre la nieve no sentía ya los pies, así que nada perdería acurrucándose en un rincón, calentándose las manos con su propio aliento, esperando que la muerte viniese a por él. Cerró los ojos,  y por un momento se encontró envuelto en el recuerdo de una tosca, fea, pero acogedora habitación, rodeado por sus padres y hermanos compartiendo una barra de turrón y un pequeño pollo. Estos recuerdos de su niñez le hicieron llorar, las lágrimas se congelaban al resbalar por sus mejillas. Abrió los ojos y vio que en el claustro había alguien más. Oía pisadas sobre la nieve. Se levantó y se dirigió al lugar del que provenían las pisadas. Era una niña, una niña muy pequeña, con las mejillas coloradas por el frío. Se acercó a ella.

            -Niña ¿tienes frío?

            -Sí.

El pobre se quitó su capa y arropó con ella a la niña. La niña sonrió y el pobre se sintió feliz.

            -Señor ¿Quién eres?

            -Nadie.

            -¿Nadie?

            -Nadie. Niña ¿tienes hambre?

            -Si.

 El pobre metió las manos en un viejo zurrón y sacó un trozo de pan, muy pequeño, era su alimento para toda la semana. Se lo dio a la niña. Ésta lo cogió:

            -Toma, señor, come un poco, tú también tienes hambre.

            -No.

Al pobre el estómago le rugía, el cuerpo le pedía a gritos una manta o algo con que calentarse y su corazón le decía:”salva a esta niña”

           -Niña ¿tienes sueño?
           -Si.

 El pobre la cogió en brazos y se acurrucó con ella en el frío suelo del claustro, donde al poco rato ambos dormían. De pronto todos los capiteles del claustro brillaron mucho y un ángel de nieve se acercó al pobre y se lo llevó. El pobre se sintió rodeado por los amorosos brazos de su madre, que hacía tiempo le esperaba en el cielo.

 Por la mañana, los encargados de limpiar el claustro les vieron; el pobre y la niña abrazados, acurrucados. La niña se despertó. El pobre no.

10/6/11

¨*`•.☆

Gracias Edwin por compartirme esta historia..... y no te pierdas ;) **

LA BOLSA DE AGUA CALIENTE




Esta es la historia de un medico que trabajó en África

Una noche trabajé duro con una madre en su parto, pero a pesar de todo lo que pudimos hacer, ella falleció dejándonos un pequeño y prematuro bebé y una niña de dos años que lloraba desconsoladamente. Tuvimos grandes problemas para mantener vivo al bebé, no teníamos incubadora ni electricidad para hacer funcionar una.

Tampoco teníamos alimento especial para estos casos. Aunque estábamos sobre la línea del Ecuador, las noches a menudo eran frías con peligrosos vientos. Una estudiante que me ayudaba fue a buscar una cobija de lana que teníamos para los bebés.

Otra fue a atizar el fuego y a cargar una bolsa con agua caliente. Ella volvió casi inmediatamente muy preocupada para decirme que la bolsa se rompió al llenarla. (las bolsas de agua caliente se rompen fácilmente en climas tropicales). ¡Y era nuestra última bolsa!, exclamó. Como se acostumbra en Occidente, no hay que llorar sobre la leche derramada, de modo que en África central se puede considerar no llorar sobre bolsas de agua caliente rotas. Éstas no crecen en los árboles, y no hay farmacias en los bosques donde comprarlas.

“Muy bien” dije, “pon al bebé lo más cerca posible del fuego y acuéstate entre el bebé y la puerta para evitar las corrientes de aire frío. Tu trabajo es mantener con calor al bebé.

Al mediodía, como hacía todos los días, fui a orar con los chicos del orfanato que querrían reunirse conmigo. Les daba sugerencias sobre cosas por las cuales orar, y también les conté del pequeño bebé. Les expliqué nuestro problema de mantener al bebé con calor suficiente, la bolsa de agua caliente que se había roto, y que el bebé podía fácilmente morir si se enfriaba. También les conté de su hermana de 2 años, que lloraba porque su madre había muerto.

Mientras orábamos, una de las niñas, de nombre Ruth, hizo la usual sincera oración que los niños hacen en África. “Dios, por favor, envíanos una bolsa de agua caliente hoy, mañana será demasiado tarde porque el bebé habrá fallecido, por favor envíala esta tarde”.

Mientras trataba de contenerme por la audacia de su oración, ella añadió: “y también ¿podrías por favor enviarnos una muñeca de juguete para la niña, así ella puede ver que Tú realmente la amas?”

Como sucede a menudo con las oraciones de los niños, yo fui sacudido. ¿Podría yo decir amén honestamente? ¡Yo no creía que Dios podría hacer esto!

Oh sí, yo sé que Él puede hacer todo; la Biblia dice así. Pero hay límites, ¿no es cierto? La única forma en que Dios podía contestar esta oración en particular, sería si alguien enviaba una encomienda desde el exterior. Hacía ya casi 4 años que estaba en África y nunca había recibido una encomienda.

Y si alguien enviaba una ¿podría ser que incluya una bolsa de agua caliente? ¡Yo vivía sobre el Ecuador!

A media tarde mientras estaba dando clases al grupo de enfermería, me llegó el mensaje de que un vehículo había llegado a mi casa. Para cuando llegué a mi casa el vehículo ya se había ido, pero en la puerta había una caja de unos 11 kilos. Sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas, no pude abrir la caja yo solo, llamé a los niños del orfanato para que me ayuden. Con mucho cuidado sacamos los precintos y empezamos a desempacar con mucha emoción. Había unos 15 chicos observando la gran caja. Comencé a sacar yerseis de colores muy brillantes. Los ojos de los chicos estaban iluminados. Había vendas para los leprosos. También había pasas de uva que serían de utilidad para el fin de semana.

Luego puse mi mano nuevamente en la caja y sentí… ¿podía esto ser cierto? Lo tomé y lo saqué. Sí. ¡Una bolsa de agua caliente nueva! Lloré, yo no había pedido a Dios que nos la mande; yo no creí verdaderamente que Él podía.

Ruth estaba en primera fila. Ella se adelantó y en alta voz dijo, “si Dios envió una bolsa de agua caliente, también debe haber enviado la muñeca”.



Escarbando hacia el fondo de la caja, ella sacó una hermosa muñeca con un vestido de colores. ¡Sus ojos brillaban, ella nunca había dudado!

Mirándome me preguntó, ¿ “puedo ir contigo y darle la muñeca a la niña, así ella sabrá que Jesús realmente la ama”? “Por supuesto”, respondí.

Aquella encomienda había estado de viaje durante 5 meses, la habían enviado mis compañeros de escuela que tuvieron la impresión de obedecer a Dios e incluir una bolsa de agua caliente, aún para la línea del Ecuador.

Y una chica había puesto la muñeca para una niña Africana 5 meses antes, en respuesta a la oración de fe de una niña de 10 años, y traerla esa misma tarde.

“Antes que clamen, responderé yo… Isaías 65:24

"Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe y que lo hace"

6/1/11

♪ Animarse a volar....



De “Cuentos para pensar”

Para Ioshúa que se animó a correr el riesgo y voló... (Publicado originalmente en Recuentos para Demián, 1991)

...Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:

-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.

-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.

-Ven – dijo el padre.

Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.

-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás...

El hijo dudó.

-¿Y si me caigo?

-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.

Los más pequeños de mente dijeron:

-¿Estás loco?

-¿Para qué?

-Tu padre está delirando...

-¿Qué vas a buscar volando?

-¿Por qué no te dejas de pavadas?

-Y además, ¿quién necesita?

Los más lúcidos también sentían miedo:

-¿Será cierto?

-¿No será peligroso?

-¿Por qué no empiezas despacio?

-En todo casa, prueba tirarte desde una escalera.

-...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían. Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó...

Desplegó sus alas.

Las agitó en el aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra...

Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:

-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno... – lloriqueó.

-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.

Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar.Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo. Si uno quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.

Jorge Bucay de Cuentos Para pensar.

28/6/10

Solo una madre lo sabría...

Un día mi madre salió y mi padre quedó a mi cargo.

Yo tendría quizás 2 años y medio.

Alguien me había regalado un juego de té y era uno de mis juguetes favoritos.

Papá estaba en el living mirando el noticiero de la noche cuando le llevé una pequeña taza de té, que era solamente agua.

Después de varias tazas de té" de muchas alabanzas por la riquísima bebida, mi mamá llegó a casa.

Papá la hizo esperar en el living para que me vieraraerle una taza de té, porque le parecía la cosa más tierna que había visto.

Mi mamá esperó, me vio venir caminando por el pasillo con la taza de té para papá y lo miró mientras se la tomaba

Entonces, rompiendo todo el encanto, mi mamá le ijo (y sólo una madre podría saberlo):

"¿No se te ocurrió que el único lugar en que ella puede alcanzar agua es en el inodoro?"

4/6/10

* Latif...

Latif era el pordiosero más pobre de la aldea. Cada noche dormía en el zaguán de una casa diferente, frente a la plaza central del pueblo.

Cada día se recostaba debajo de un árbol distinto, con la mano extendida y la mirada perdida en sus pensamientos. Cada tarde comía de la limosna o de los mendrugos que alguna persona caritativa le acercaba.


Sin embargo, a pesar de su aspecto y de la forma de pasar sus dias, Latif era considerado por todos, el hombre más sabio del pueblo, quizás no tanto por su inteligencia, sino por todo aquello que había vivido.

Una mañana soleada el rey en persona apareció en la plaza. Rodeado de guardias caminaba entre los puestos de frutas y baratijas buscando nada.


Riéndose de los mercaderes y de los compradores, casi tropezó con Latif, que dormitaba a la sombra de una encina. Alguien le contó que estaba frente al más pobre de sus súbditos, pero también frente a uno de los hombres más respetados por su sabiduría.


El rey, divertido, se acercó al mendigo y le dijo:

- “Si me contestas una pregunta te doy esta moneda de oro.”


Latif lo miró, casi despectivamente, y le dijo:

- “Puedes quedarte con tu moneda, para qué la querría yo? ¿Cuál es tu pregunta?


Y el rey se sintió desafiado por la respuesta y en lugar de una pregunta banal, se despachó con una cuestión que hacía días lo angustiaba y que no podía resolver. Un problema de bienes y recursos que sus analistas no habían podido solucionar.


La repuesta de Latif fue justa y creativa.

El rey se sorprendió; dejó su moneda a los pies del mendigo y siguió su camino por el mercado, meditando sobre lo sucedido.


Al día siguiente el rey volvió a aparecer en el mercado. Ya no paseaba entre los mercaderes, fue directo a donde Lafit descansaba, esta vez bajo un olivar. Otra vez el rey hizo una pregunta y otra vez Latif la respondió rápida y sabiamente. El soberano volvió a sorprenderse de tanta lucidez. Con humildad se quitó las sandalias y se sentó en el suelo frente a Latif.


- “Latif te necesito,” le dijo. “Estoy agobiado por las decisiones que como rey debo tomar. No quiero perjudicar a mi pueblo y tampoco ser un mal soberano. Te pido que vengas al palacio y seas mi asesor. Te prometo que no te faltara nada, que serás respetado y que podrás partir cuando quieras… por favor.”


Por compasión, por servicio o por sorpresa, el caso es que Latif, después de pensar unos minutos, aceptó la propuesta del rey.

Esa misma tarde llegó Latif al palacio, en donde inmediatamente le fue asignado un lujoso cuarto a escasos doscientos metros de la alcoba real.

En la habitación, una tina de esencias y con agua tibia lo esperaba.


Durante las siguientes semanas las consultas del rey se hicieron habituales.


Todos los días, a la mañana y a la tarde, el monarca mandaba llamar a su nuevo asesor para consultarle sobre los problemas del reino, sobre su propia vida o sobre sus dudas espirituales.

Latif siempre contestaba con claridad y precisión.


El recién llegado se transformó en el interlocutor favorito del rey. A los tres meses de su estancia ya no había medida, decisión o fallo que el monarca no consultara con su preciado asesor.


Obviamente esto desencadenó los celos de todos los cortesanos que veían en el mendigo-consultor una amenaza para su propia influencia y un perjuicio para sus intereses materiales.


Un día todos los demás asesores pidieron audiencia con el rey. Muy circunspectos y con gravedad le dijeron.


- “Tu amigo Latif, como tú llamas, está conspirando para derrocarte.”

- “No puede ser” dijo el rey. “No lo creo.”

- “Puedes confirmarlo con tus propios ojos,” dijeron todos. “Cada tarde a eso de las cinco, Latif se escabulle del palacio hasta el ala Sur y en un cuarto oculto se reúne a escondidas, no sabemos con quién. Le hemos preguntado a dónde iba alguna de esas tardes y ha contestado con evasivas. Esa actitud terminó de alertarnos sobre su conspiración.”


El rey se sintió defraudado y dolido. Debía confirmar esas versiones.


Esa tarde a las cinco, aguardaba oculto en el recodo de una escalera.


Desde allí vio cómo, en efecto, Latif llegaba a la puerta, miraba hacia los lados y con la llave que colgaba de su cuello abría la puerta de madera y se escabullía sigilosamente dentro del cuarto.

- “Lo visteis” gritaron los cortesanos, “lo visteis?”


Seguido de su guardia personal el monarca golpeó la puerta.


- “¿Quién es?” dijo Latif desde adentro.


- “Soy yo, el rey,” dijo el soberano. “Ábreme la puerta.”


Latif abrió la puerta.


No había nadie allí, salvo Latif.


Ninguna puerta, o ventana, ninguna puerta secreta, ningún mueble que permitiera ocultar a alguien.


Sólo había en el piso un plato de madera desgastado, en un rincón una vara de caminante y en el centro de la pieza una túnica raída colgando de un gancho en el techo.


- “¿Estás conspirando contra mi Latif?” pregunto el rey.


- “¿Cómo se te ocurre, majestad?” contesto Latif. “De ninguna forma, ¿por qué lo haría?”


- “Pero vienes aquí cada tarde en secreto. ¿Qué es lo que buscas si no te ves con nadie? ¿Para qué vienes a este cuchitril a escondidas?”


Latif sonrió y se acercó a la túnica rotosa que pendía del techo. La acarició y le dijo al rey:


- “Hace sólo seis meses cuando llegué, lo único que tenía eran esta túnica, este plato y esta vara de madera” dijo Latif. “Ahora me siento tan cómodo en la ropa que visto, es tan confortable la cama en la que duermo, es tan halagador el respeto que me das y tan fascinante el poder que regala mi lugar a tu lado… que vengo cada día para estar seguro de no olvidarme de QUIÉN SOY Y DE DÓNDE VINE”.



ASÍ ES:

NUNCA DEBEMOS OLVIDAR QUIENES SOMOS Y DE DONDE VENIMOS, LA VIDA DA MUCHAS VUELTAS Y PODEMOS REGRESAR SIEMPRE AL MISMO LUGAR!!



Jorge Bucay

6/4/10

Una historia para siempre...


La historia verídica de un verdadero y eterno amor


Él había fallecido hace un año y se acercaba una fecha importante, el día de San Valentín. Todos los años él le enviaba un ramo de rosas a su esposa con una tarjeta que decía:
"Te amo más que el año pasado, mi amor crecerá más cada año".

Este sería el primer año en que Rosa no las recibiría, extrañándolas estaba cuando llamaron a su puerta y para su sorpresa, al abrir estaba un ramo de rosas frente a ella con una tarjeta que decía: "Te Amo". Por supuesto se molestó pensando que había sido una broma de mal gusto.

Llamó a la florería para reclamar el hecho. Amablemente el dueño le dijo saber del fallecimiento de su esposo un año atrás y le preguntó si había leído el contenido de la tarjeta; le explicó que esas rosas las había pagado su esposo por adelantado, así como todas la demás para todos los años por el resto de su vida.

Al colgar el teléfono, a Rosa se le llenaron sus ojos de lágrimas y al abrir la tarjeta vio que estaba escrita por su esposo y decía:
"Hola mi amor, sé que ha sido un año difícil para ti, espero te puedas reponer pronto, pero quería decirte, que te amaré por el resto de los tiempos y que volveremos a estar juntos otra vez. Se te enviaran rosas todos los años, el día que no contesten a la puerta harán cinco intentos en el día, y si aún no contestas, estarán seguros de llevarlas a donde tú estés que será junto a mí, te ama tu esposo"

18/1/10

..Un sapito...


Parece largo pero tiene un buen mensaje..... ;)


Humberto estaba muy triste entre los yuyos del charco.

Ni ganas de saltar tenía. Y es que le habían contado que las mariposas del Jazmín de Enfrente andaban diciendo que él era sapo feúcho, feísimo y refeo.

—Feúcho puede ser —dijo, mirándose en el agua oscura—, pero tanto como refeo... Para mí que exageran... Los ojos un poquitito saltones, eso sí. La piel un poco gruesa, eso también. Pero ¡qué sonrisa!

Y después de mirarse un rato le comentó a una mosca curiosa pero prudente que andaba dándole vueltas sin acercarse demasiado:

—Lo que a mí me faltan son colores. ¿No te parece? Verde, verde, todo verde. Porque pensándolo bien, si tuviese colores sería igualito, igualito a las mariposas.

La mosca, por las dudas, no hizo ningún comentario.

Y Humberto se puso la boina y salió corriendo a buscar colores al Almacén de los Bichos.

Timoteo, uno de los ratones más atentos que se vieron nunca, lo recibió, como siempre, con muchas palabras:

—¿Qué lo trae por aquí, Humberto? ¿Anda buscando fosforitos para cantar de noche? A propósito, tengo una boina a cuadros que le va a venir de perlas.

—Nada de eso, Timoteo. Ando necesitando colores.

—¿Piensa pintar la casa?

—Usted ni se imagina, Timoteo, ni se imagina.

Y Humberto se llevó el azul, el amarillo, el colorado, el fucsia y el anaranjado. El verde no, porque ¿para qué puede querer más verde un sapo verde?

En cuanto llegó al charco se sacó la boina, se preparó un pincel con pastos secos y empezó: una pata azul, la otra anaranjada, una mancha amarilla en la cabeza, una estrellita colorada en el lomo, el buche fucsia. Cada tanto se echaba una ojeadita en el espejo del charco.

Cuando terminó tenía más colorinches que la más pintona de las mariposas. Y entonces sí que se puso contento el sapo Humberto: no le quedaba ni un cachito de verde. ¡Igualito a las mariposas!

Tan alegre estaba y tanto saltó que las mariposas del Jazmín lo vieron y se vinieron en bandada para el charco.

—Más que refeo. ¡Refeísimo! —dijo una de pintitas azules, tapándose los ojos con las patas.

—¡Feón! ¡Contrafeo al resto! —terminó otra, sacudiendo las antenas con las carcajadas.

—Además de sapo, y feo, mal vestido —dijo una de negro, muy elegante.

—Lo único que falta es que quiera volar —se burló otra desde el aire.

¡Pobre Humberto! Y él que estaba tan contento con su corbatita fucsia.

Tanta vergüenza sintió que se tiró al charco para esconderse, y se quedó un rato largo en el fondo, mirando cómo el agua le borraba los colores.

Cuando salió todo verde, como siempre, todavía estaban las mariposas riéndose como locas.

—¡Sa-po verde! ¡Sa-po verde!

La que no se le paraba en la cabeza le hacía cosquillas en las patas.

Pero en eso pasó una calandria, una calandria lindísima, linda con ganas, tan requetelinda, que las mariposas se callaron para mirarla revolotearentre los yuyos.

Al ver el charco bajó para tomar un poco de agua y peinarse las plumas con el pico, y lo vio a Humberto en la orilla, verde, tristón y solo. Entonces dijo en voz bien alta:

—¡Qué sapo tan buen mozo! ¡Y qué bien le sienta el verde!

Humberto le dio las gracias con su sonrisa gigante de sapo y las mariposas del Jazmín perdieron los colores de pura vergüenza, y así anduvieron, caiduchas y transparentes, todo el verano.

-- Graciela Montes --

¿Por qué aparentar lo que no somos?